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No todas las personas tienen la fuerza y el coraje suficiente para aprender a irse y regresar más fuerte.

Aprender a retirarse a tiempo cuando estamos ante una situación compleja, reflexionar, pensar en lo sucedido, comprender cómo nos sentimos y regresar para volver a intentarlo una vez que hayamos recuperado fuerzas, es un acto de valentía.

Elegir el momento adecuado para retirarse de una relación de una discusión con otra persona o de un trabajo que no nos satisface requiere fuerza de voluntad y superar el miedo a las consecuencias.

En ocasiones vivimos situaciones que nos desgastan y no somos capaces de salir para retomar fuerzas.

Hay circunstancias en las que es preciso pensar en nuestra felicidad personal y caminar hacia nuestra paz interior para retomar fuerzas. Son situaciones en las que es esencial tender hacia una coherencia entre los que pensamos, sentimos, decimos y hacemos. La felicidad es interior, no exterior por lo tanto, no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos

La felicidad es un término que parece utópico y lo solemos referir al pasado

Experiencias de afecto positivo frecuentes (alegría, placer, amor, cariño).

Experiencias de afecto negativo infrecuentes (tristeza, estrés, ansiedad, miedo, dolor)

Altos niveles de satisfacción vital.

Es decir, una persona feliz es aquella que vive muchas experiencias de afecto positivas, pocas negativas y que se siente satisfecha con su vida.

No obstante, no podemos olvidar que no existe una felicidad objetiva sino un estado subjetivo de felicidad en cada uno de nosotros.

La búsqueda de ese estado subjetivo de felicidad es el que nos impulsa a irnos cuando notamos que una situación es incómoda o simplemente no nos hace felices y a regresar una vez que hayamos recuperado nuestra energía vital.

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La felicidad del ser humano se relaciona directamente con determinadas emociones y estados de ánimo. Ahí es donde entra el juego la inteligencia emocional como la capacidad de comprender nuestras emociones y las de los demás.

La habilidad de hacer una pausa y no actuar por el primer impulso se ha vuelto un aprendizaje crucial en la vida diaria

En cuanto a las emociones, hay especialistas que piensan que podemos controlarlas totalmente y otros que opinan que no podemos hacer nada para tenerlas bajo control. Sin embargo, también hay investigaciones que concluyen que la forma en la que interpretas tus emociones puede cambiar la forma en la que las vives.

Por ejemplo, si te da miedo hablar en público pensarás que esos nervios son negativos, pero si los interpretas como una voluntad de hacerlo bien es más probable que tengas éxito. Se trata simplemente de comprender cómo nos sentimos y manejar esas emociones a nuestro favor.

En muchas ocasiones, la soledad nos permite un tiempo de conocimiento sobre nosotros mismos, de reflexión sobre nuestra vida. La soledad nos da espacio y lugar para poder identificar nuestras fortalezas y debilidades y trabajar en lo que debemos mejorar.

Haz las paces con la soledad, ella te llevará de la mano a conocerte más, a estar cara a cara con tu ser. Solo y sin que nadie te estorbe.

Por ese motivo, no podemos ver la soledad como algo negativo, sino como una colaboradora del proceso de autoconocimiento necesario en diferentes momentos de nuestra existencia. A veces necesitamos recuperar fuerzas y energía, regresar a nuestro origen y la paz de la soledad nos ayudará.

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Cómo gestionar tus emociones para recuperar energía

El uso de la inteligencia emocional pasa por identificar nuestras emociones y estados de ánimo, es decir, reconocer cuándo estamos enfadados, nerviosos o tristes, para poder actuar sobre el origen de la emoción y en el último caso sobre la emoción misma. A continuación te damos algunas herramientas para gestionar emociones negativas.

Si te paras un momento a pensar en todo lo que te dices cuando te ocurre algo negativo, te darás cuenta de que eres tú misma la que alimenta a esa emoción y hace que, poco a poco, se vaya haciendo más grande. Así, si al principio era fácil de manejar, cuando lo ha contaminado todo puede llegar a representar un gran reto.

Si cometes un error en el trabajo no es necesario que te tortures, solo tienes que aprender. Que no dejes crecer el desánimo, recordando todas las veces en que has hecho cosas bien. De esa forma relativizarás lo sucedido, gestionarás las emociones negativas y podrás regresar a tu paz interior.

La razón es fría, pero ve claro. La emoción debe dar calor, pero sin hacer perder esa claridad .

Al igual que sucede con los niños pequeños cuando lloran y tratamos de distraerles con un juguete, si nos comienza a invadir una emoción negativa, podemos concentrarnos en otra tarea para desviar nuestra atención y regresar a nuestra tranquilidad interior. El control de la atención juega un papel muy relevante para frenar ciclos emocionales negativos que se retroalimenten.

De esta forma te alejas de la emoción negativa y te concentras en otro objetivo hasta que transcurre un tiempo y esa emoción va desapareciendo poco a poco. Es una estrategia que se puede utilizar en algunas ocasiones, porque lo aconsejable es gestionar esa emoción y conocer su origen y causa.

Busca un lugar tranquilo, respira de forma pausada, siente como entra y sale suavemente el aire de tus pulmones, mientras tu mente y los músculos tu cuerpo comienzan a relajarse cada vez más. Practica la meditación cada día y lograrás buenos resultados poco a poco.

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Un fuerte abrazo de Anabel & Carlos.