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Las ideas que nos impiden poner punto final a una relación, son en realidad muchas comas y algún punto y aparte que lejos de salvar la relación, alargan un sufrimiento innecesario que vulnera nuestra autoestima.

Si hay algo verdaderamente difícil, es saber cuándo marcharte de la vida de una persona para poder convertirte así, en un amado recuerdo y no en una odiada costumbre. Saber decir adiós es el arte del sufrimiento, pero también del aprendizaje.

La principal razón por la que decidimos alejarnos y dar por finalizada una relación es por la sensación de desigualdad en la pareja, ahí donde las aportaciones de cada uno son diferentes y donde el coste en “moneda de dolor” es demasiado alto ante los escasos beneficios.

Siempre hay un instante en que es necesario marcharte, aunque no sepas dónde ir, aunque tus pies estén desnudos y tus manos vacías. Solo así le permitirás a tu corazón ser feliz de nuevo.

Amor y sufrimiento nunca deberían ir juntas en una relación afectiva.

Esto es algo que no todo el mundo tiene claro, puesto que la concepción del “amor romántico” nos hace creer aún en estas falsas ideas.

Si te amas lo suficiente, no debes permitirte llegar a estos extremos.

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Una relación de pareja, como en todo organismo vivo, sufre continuos cambios. Ahora bien, cada cambio tiene como finalidad fortalecer el vínculo y permitir conocernos mucho mejor sin que ninguno de los dos pierda demasiado.

La relación debe fluir.

El amor es ante todo una elección que hacemos en libertad. Sin embargo, muchas veces el amor es una de las principales causas de sufrimiento de la humanidad.

Antes de caer en estos estados de dolor emocional es necesario saber dar un adiós a tiempo, evitando así así alargar situaciones verdaderamente destructivas.

Estos son los principales aspectos que deberíamos valorar para entender que “marcharte es ya tu única opción”.

Valorad si el problema que os ha llevado a la situación actual tiene solución.

Ante un momento de crisis es necesario que las dos partes se esfuercen por igual o al menos que cada uno tenga esta percepción del otro.

Cualquier desequilibrio ocasiona que solo una parte ofrezca su energía, su ilusión y sus sacrificios personales mientras el otro se limita a recibir sin ofrecer nada a cambio.

Intenta proyectar tu situación actual en un futuro lejano.

Piensas que dentro de 10 años serías feliz si las cosas fueran igual que ahora?

Si ante estas cuestiones valoras que nada es posible ni hay solución, deberás sacar fuerzas de ti mismo para decir adiós, para marcharte y cerrar ese círculo personal y afectivo cargado de sufrimiento.

En una relación de pareja nos aferramos a ciertas creencias erróneas y emociones que, en caso de infelicidad, nos impiden en muchas veces ser objetivos y ver la realidad. Recuerda siempre que el ciego no es el amor, sino las falsas ilusiones que nosotros mismos construimos.

El arte suele representar al amor con una venda en los ojos y unas alas en la espalda.

La venda nos sirve para no ver los obstáculos, pero afortunadamente nos dan dos alas para poder sortearlos.

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Cuando vemos que la relación no funciona después de intentarlo varias veces, es importante que tengamos en cuenta estos conceptos…

Evita el autoengaño, las cosas no siempre van a ser como nosotros deseamos.

Piensa en ello, es posible que hayas perdonado más de lo necesario hasta olvidar dónde estaban tus límites o que el “lo intentamos de nuevo”, suene ya demasiadas veces sin que veas nada diferente…

La otra persona no va a cambiar por ti.

En realidad, las personas no cambian, es muy posible que no fueran como tu pensabas en un principio y eso, es algo que debes tener muy en cuenta.

Nadie cambia su forma de ser de la noche a la mañana por mucho que lo esperemos.

Sufrir por amor no es un acto heroico o romántico, es una forma de autodestruirnos.

Si te hicieron creer que tener pareja es tener que sufrir y establecer una lucha continua, te engañaron. Ser pareja es saber construir y amar sin que el sufrimiento sea algo más que circunstancial.

No tengas miedo a la soledad.

Uno de los principales temores de la población es “estar solos”. Para muchos el estar mal acompañados es preferible a la soledad. No caigas nunca en esta idea.

Ámate lo suficiente para saber cuándo marcharte, siempre será preferible la propia soledad a una presencia que veta nuestra felicidad, nuestro equilibrio interior. Amar no es darlo todo a cambio de nada, es saberse merecedor de un reconocimiento y un respeto.

Dejarse amar y amar es un arte, es la destreza de cultivar un cariño real.

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