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Las mujeres de más de 40 son bellas, muy bellas, también serenas, comprensivas, sensatas y sobre todo, endiabladamente seductoras. Esto a pesar de sus incipientes patas de gallo, o de esa afectuosa celulitis que capitanea sus muslos, pero que las hace tan humanas, tan reales…
Hermosamente reales.

Si a una mujer de más de 40 años le preguntan su edad, siempre contesta…

Tengo los años necesarios para vivir libre, sin miedo y hacer lo que quiero.

No necesito un número, pues mis experiencias en la vida, las lágrimas que por el camino derramé al ver mis ilusiones rotas…
Valen mucho más que eso.
Lo que importa es la edad que siento.
Para seguir sin temor, pues llevo conmigo la experiencia adquirida.

A las mujeres de más de cuarenta años se les caracteriza por la confianza que tienen en sí mismas. Han moldeado su cuerpo en el fragor de la batalla y su espíritu es cómplice de esto.

Ellas saben manejar un séptimo sentido que al resto de los mortales se les escapa, comprenden que la vida es amar a los demás pero, sobre todo, amarse a si mismas.

Acumulan hábilmente experiencia y juventud, lo que les permite manejar su esencia y sumar vida a los años que ya les toca disfrutar. De hecho, se dice que cuando una mujer cumple los cuarenta es cuando empieza a pisar fuerte, a hacerse dueña de sus pasos y a balancear su equilibrio emocional y personal.

No hay ninguna duda de que a partir de los 40 y los 50 son un momento peculiar, pues te encuentras entre dos generaciones que te hacen darte cuenta de lo efímera que es la vida. Este es el momento en el que te das cuenta de que tu conciencia es quien crea o destruye todo lo que existe.

De hecho, en algún momento de este proceso se recrea un antes y un después en nuestra vida, algo que es totalmente magnífico y que tenemos que aprovechar.

Es el momento en el que podemos permitirnos crecer, lo que implica limpiar las heridas emocionales o cualquier otra cuestión que haya quedado inconclusa en la primera mitad de nuestra vida.

Este es uno de los mayores retos a los que nos enfrentaremos, pues de ello depende nuestro sentimiento de valía y el de quienes nos rodean. El proceso en cuestión requiere detectar cuáles son las partes  que necesitan resolverse y curarse.

Por eso, a partir de los 40 comienzas a entender que cada persona tiene un papel en tu vida, que algunas te ponen a prueba, que otras te utilizan y que no faltará nunca quien te ama y te enseña.

Serán personas de acero inolvidable que sacan lo mejor de ti y te prestan un espejo para que puedas verte.
Habrá muchas de cada tipo, de todas te acordarás en esta etapa y sobre todo de cada uno de los aprendizajes.

Servir a los demás por sentirse obligada produce agotamiento y resentimiento

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Son muchas las mujeres que hacen pasteles, preparan café y limpian la casa porque es lo que se espera de ellas.
De hecho, se sentirían culpables si no lo hicieran, y llegarían a pensar que han fracasado como mujeres e incluso como personas.

La sociedad ha envenenado el derecho a la individualidad del género femenino. Sin embargo, si queremos sanar este proceso, deben ser las mujeres de más de 40 las que se rebelen contra la cárcel emocional de las expectativas sociales y personales que nos someten.

Su papel en esta transición es esencial e irreemplazable. Debemos hacer frente a esta realidad para prevenir a las generaciones venideras, pues es la única manera de evitar que cometan los mismos errores y que caigan en las garras del rol que se espera de ellas.

Darse en exceso, no permitirse descansar y obligarse al sacrificio hace que nos perdamos el sentir más hermoso de la vida, el de experimentar la libertad emocional.

En contra de lo que se suele pensar, no son etapas para sufrir ni para sacrificar nuestra vitalidad. La suma de nuestros años constituye numerosas enseñanzas. Entre ellas, que sin salud emocional no hay salud física.

Así, si queremos seguir sumando vida a los años, debemos ser conscientes de que no podemos separar nuestros sentimientos de nuestras relaciones, pues es la única manera de hacernos cargo de nuestro bienestar.

Darnos la oportunidad de confiar en nosotras mismas con profundidad es algo que asusta. Sin embargo, una mujer con experiencia está en predisposición de entender que el misterio forma parte de la maravilla y que no podemos entenderlo todo desde un punto de vista estrictamente físico.

Te hablo desde mi experiencia, ya que a los 45 años decidí romper con todo y tomar las riendas de mi vida. Me rebelé contra todo y todos, me puse el mundo por montera y emprendí una nueva vida, un nuevo proyecto que me cambió la vida y quiero compartirlo contigo.

INFÓRMATE AQUÍ!!!

Ahora soy una mujer nueva y libre!!!

Un fuerte abrazo de Anabel & Carlos.